La lucha de los vecinos por el gas en la cordillera patagónica
Reclamos y necesidades
En la última semana, los vecinos de Bariloche han alzado sus voces en un reclamo que resuena con fuerza: el acceso a servicios públicos esenciales, como el gas. Pablo Chamatrópulos, desde Codec, dejó en claro que “los servicios públicos tienen una característica de esencialidad, no puede ser restringido ni privilegiado un sector frente a otro”. Esto pone de manifiesto la frustración de muchos usuarios que, tras haber hecho inversiones significativas para extender las redes en sus hogares, aún no reciben el servicio por el que están dispuestos a pagar. La situación no es solo un tema de infraestructura, sino de derechos fundamentales para los habitantes de la región.
Fondos públicos y resoluciones
Una luz de esperanza se vislumbra en el horizonte, ya que Chamatrópulos destacó que “las cuestiones objetivas que tuvieron sin gas a la cordillera patagónica están resueltas con fondos públicos”. Según sus declaraciones, las provincias de Neuquén y Chubut fueron las responsables de financiar las obras necesarias. Sin embargo, el desafío persiste: aunque el Enargas ha autorizado nuevas conexiones, la pregunta recurrente es, ¿cuándo se habilitarán? Los vecinos están a la espera de pautas claras sobre cómo se resolverá esta situación, y la incertidumbre solo agrava sus preocupaciones.
Una voz vecinal firme
La preocupación de los vecinos no se limita al acceso al gas, sino también a los costos exorbitantes que enfrentan. Un vecino, identificado como Pablo, expuso que su familia ya hizo la inversión pertinente para conectarse al gas y lleva más de dos años esperando. “No se está pidiendo un servicio gratuito; queremos que nos den el gas que vamos a pagar”, enfatizó. Esta preocupación es compartida por muchos: están pagando “más de 10 veces lo que vale” por recibir el gas envasado. La ansiedad y la frustración son palpables; los vecinos exigen claridad por parte de la empresa y un compromiso para que el servicio se habilite lo antes posible. La presión está sobre las autoridades, y los habitantes esperan respuestas concretas que mitiguen su angustia.


