Este jueves, la Patagonia y Argentina perdieron a uno de sus máximos referentes culturales: Rubén Patagonia, quien falleció a los 69 años en Comodoro Rivadavia. Su deceso, confirmado por el Instituto Nacional de la Música, ha dejado una profunda herida en una comunidad que siempre lo consideró una voz auténtica del territorio. Desde su infancia, Rubén, cuyo nombre original era Rubén Chauque, entendió que su arte era más que una expresión de belleza; era una herramienta de memoria y lucha por la identidad de los pueblos originarios. A lo largo de su vida, supo fusionar la tradición con la modernidad, creando un estilo musical único que resonaba con la historia y las problemáticas sociales de la región.

Rubén inició su carrera musical en 1971 y, desde entonces, su obra se convirtió en un testimonio vivo de la resistencia y el espíritu del sur argentino. Sus álbumes, como “Más Acá del Colorado” y “Ay, Patagonia”, no solo capturaron el dolor y la esperanza de su tierra, sino que también se convirtieron en referencias obligadas para quienes buscan comprender la realidad social y cultural de los pueblos originarios. En paralelo a su labor musical, bonaerense desde los años ’80, Rubén desarrolló diferentes proyectos educativos que fomentaban el rescate y la valoración de las culturas originarias, impactando a nuevas generaciones con su compromiso y sabiduría. No se limitó a la música; su influencia se extendió a la actuación en películas, como “La película del Rey”, donde su presencia cobraba vida a través de otros lenguajes artísticos.

Las tribus musicales que Rubén ayudó a forjar a lo largo de su carrera estuvieron abrazadas por un profundo respeto, uniendo folclore y rock en un diálogo valiente y auténtico. Artistas de la talla de León Gieco y Claudio Marciello expresaron su tristeza ante su partida, recordando a Rubén no solo como un interlocutor en la música, sino como un impulso para la cultura argentina en su totalidad. Con su voz, Rubén era un puente entre el pasado y el futuro, un faro para aquellos que luchan por la memoria y la identidad. Hoy, su legado es un llamado a la reflexión, a valorar y preservar la diversidad cultural de nuestra nación, haciendo de su vida una fuente inagotable de inspiración para todos quienes creen en el poder transformador del arte.



