El regreso del chef Christian Petersen: una historia de superación
El 6 de enero de 2026 marcó un hito en la vida del reconocido chef Christian Petersen. Luego de casi un mes de internación en el hospital, recibió el alta médica y regresó a su hogar, donde comienza a reconstruir su rutina habitual. Todo esto se empezó a gestar el 12 de diciembre del año anterior, cuando Petersen decidió emprender una exigente excursión al volcán Lanín, en San Martín de los Andes. La aventura, que había comenzado como una travesía inspirada por una experiencia previa con una fundación dirigida por su tío Tommy Petersen, un ícono del rugby argentino, se tornó en una pesadilla que pondría a prueba su resistencia y lógica médica.
Durante el ascenso, Christian sintió que debía abandonar la subida, pero el guía lo convenció de continuar hasta la base. Lamentablemente, esa decisión lo llevó a experimentar un ataque de pánico, acompañado de una intensa sensación de claustrofobia. En retrospectiva, el chef admite que no supo escuchar las señales de su cuerpo y se exigió más de lo que podía. Al llegar al punto de partida, personal de Prefectura se dio cuenta de su crítico estado y lo trasladó de inmediato al hospital, donde se inició un complejo cuadro médico que incluyó la evaluación de varias condiciones: desde posibles intoxicaciones hasta un virus cardíaco y una neumonía mal curada. Todo culminó en una arritmia severa que lo llevó a ser intubado y a permanecer inconsciente durante casi 30 días.
Cuando finalmente despertó en el Hospital Alemán de Buenos Aires, lo hizo rodeado de su familia y amigos, sintiendo una profunda necesidad de vivir y mucho amor. La recuperación ha sido un proceso largo y desafiante. Petersen, que salió del hospital con serias dificultades físicas, temblores en las manos y 18 kilos menos, ha comenzado a entrenar en casa junto a sus hijos, priorizando su salud y bienestar. A pesar de que se siente mejor que antes, ha declarado que ya no tiene una “rueda de auxilio” para afrontar la vida. Este cambio en su mentalidad se refleja en su decisión de no volver a intentar el ascenso al Lanín; prefiere enfocarse en las “montañas” de su barrio en San Isidro, donde se siente más seguro y feliz.


