Thiago Medina, conocido por su participación en Gran Hermano, ha compartido una experiencia transformadora y profundamente conmovedora tras su internación. A casi cuatro meses de salir del hospital, el joven siente una renovada gratitud hacia la vida y sus seres queridos. Durante su tiempo hospitalizado, Medina estuvo al borde de la muerte y vivió una serie de sueños impactantes que ha decidido compartir. En una emotiva entrevista, relató cómo en uno de sus sueños vio una puerta blanca custodiada por una figura que le decía que debía volver. Esta imagen, un símbolo de su lucha por la vida, marcó un antes y un después en su manera de apreciar el presente.
No solo ha compartido los momentos inspiradores, sino que también reflexionó sobre los sueños más oscuros que experimentó mientras estuvo en estado de coma. Thiago reveló que durante veintiún días permaneció dormido, luchando internamente por despertar y comunicarse con su entorno, algo que generó una conexión muy fuerte con su pareja, Daniela Celis. Esta conexión se vio reforzada por el compromiso de ambos de criar a sus hijas mellizas, Aimé y Laia, de manera consciente, evitando el uso de dispositivos electrónicos en sus vidas. En un intento por fomentar la creatividad y el vínculo familiar, la pareja ha optado por juegos tradicionales, lo que les ha permitido hacer de su hogar un espacio de interacción directa y aprendizaje significativo.
La decisión de limitar el uso de tecnología en el hogar no es única de Medina y Celis; varias figuras públicas comparten esta filosofía. Natalia Oreiro, por ejemplo, ha optado por regalar a su hijo un teléfono sin acceso a Internet incluso al cumplir 14 años. La actriz considera esencial ofrecer alternativas como actividades manuales y visitas a librerías. Por otro lado, Nicole Neumann también ha optado por minimizar el tiempo de pantalla de su hijo, prefiriendo fomentar la lectura y el juego tradicional. Estas decisiones reflectan un enfoque más holístico hacia la crianza, donde la conexión emocional y la interacción humana están en el centro del desarrollo infantil, evidenciando una tendencia creciente entre los padres de priorizar experiencias auténticas por encima de la tecnología.


