La Protesta del 11 de Febrero: Tensión y Violencia en las Calles
El 11 de febrero de 2026, un mar de voces se congregó en las cercanías del Congreso de la Nación, llevando consigo un claro mensaje de desacuerdo hacia la Reforma Laboral propuesta por el Gobierno de Javier Milei. Organizaciones sociales, sindicatos y grupos de jubilados se unieron en una manifestación pacífica, buscando expresar el descontento y las inquietudes que provoca un cambio tan profundo en el escenario laboral argentino. Sin embargo, el clima de tensión que se respiraba en el ambiente no tardó en desencadenar un episodio de violencia que sorprendió a muchos. La jornada, que aparentemente prometía ser una expresión de democracia y participación, se transformó en un caos, donde la línea entre la protesta y la represión se desdibujó peligrosamente.
Mientras en el Senado se debatía la propuesta gubernamental, un pequeño grupo de aproximadamente 15 manifestantes decidió separarse de la masa y generar disturbios. Este acto de provocación pronto captó la atención de las fuerzas de seguridad presentes, que respondieron con contundencia. Un camión hidrante fue desplegado y se comenzaron a disparar balas de goma en un intento por dispersar la situación. Sin embargo, el contundente accionar policial no se limitó a quienes instigaban la violencia; también impactó a aquellos manifestantes que, con pancartas en mano, se mantenían firmes en su protesta pacífica. Este uso desmedido de la fuerza generó un panorama alarmante, con reportes de al menos dos detenidos y varios heridos, dejando en evidencia la vulnerabilidad de los ciudadanos que solo buscaban ser escuchados.
Los ecos de esta jornada no solo resonaban en las calles, sino que también reflejaban un profundo malestar social hacia las políticas oficiales. Los trabajadores agrupados en la CGT y los jubilados, que cada miércoles alzan su voz en defensa de sus derechos, vieron cómo su reclamo se convertía en un campo de batalla. Mientras el debate en el interior del recinto legislativo continuaba ajeno a los sucesos afuera, el clamor de un amplio sector de la población se hacía escuchar con más fuerza que nunca. Esta situación deja al descubierto el gran desacuerdo existente entre las políticas impulsadas por el gobierno y las necesidades reales de la ciudadanía, que se siente cada vez más desconectada de decisiones que impactan su día a día.


