La caída del poder adquisitivo del Salario Mínimo en Argentina
Desde la asunción del gobierno de Javier Milei, Argentina ha presenciado una alarmante disminución en el poder adquisitivo del Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM), que ha sobrepasado el 40%. De acuerdo con un reciente informe del Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA), esta caída no solo se limita a cifras: cada vez es más difícil para los trabajadores acceder a productos básicos de la canasta alimentaria. En los primeros meses del mandato, la capacidad de compra del salario mínimo ya había experimentado una pérdida de alrededor del 30%, y esta tendencia ha continuado, mostrando caídas mensuales consecutivas que impactan de manera directa en el bolsillo de los argentinos.
Una de las razones detrás de esta situación es la inflación sostenida, que ha ido acompañada de una devaluación del peso. Desde el comienzo del gobierno de Milei, los aumentos nominales del SMVM, decididos por la Secretaría de Trabajo a partir de propuestas empresariales, no han logrado compensar un contexto inflacionario que continúa erosionando las bases del poder adquisitivo. Es notable que, comparando con años anteriores, el salario mínimo actual es un 60% inferior al de 2015. Por ejemplo, en 2016, con un salario mínimo se podía comprar un kilo de pan con una hora de trabajo; hoy en día son necesarias dos horas y media para lograr lo mismo, reflejando un impacto brutal en el acceso a productos alimenticios.
Este panorama económico no solo afecta la compra de alimentos, sino que también se extiende a servicios como el transporte público. En 2016, un trabajador podía cubrir el costo de un viaje en subte con solo 15 minutos de trabajo; hoy, esa misma distancia le costará casi una hora y tres cuartos, lo que muestra un incremento significativo en la carga que sufren los trabajadores para cubrir sus necesidades diarias. Al comparar el SMVM con los ingresos promedio en el sector privado, se evidencia que en 2016, el salario mínimo representaba el 37,2% del ingreso promedio, mientras que actualmente apenas alcanza el 16,6%. Esta situación resalta la creciente brecha entre lo que se considera un salario mínimo y los ingresos reales necesarios para vivir dignamente en el país.


