Alejandra Maglietti: La anti cumpleaños que revivió su fiesta de 15
En el mundo del entretenimiento, a menudo surgen historias que conectan con las experiencias más personales de los protagonistas. En una reciente charla con Denise Dumas y Carolina Molinari en StoryTime (Bondi Live), Alejandra Maglietti reveló su profundo desagrado por celebrar su cumpleaños. Desde chica, la chaqueña ha sentido que ser el centro de atención no es lo suyo. Al compartir su experiencia, no escatimó en palabras: “Odio mi cumpleaños, soy lo anti cumpleaños. No quiero cumplir años, no me interesa que nadie me salude, no quiero hacer nada”. Este sentimiento, arraigado en su infancia, la llevó a recordar su fiesta de 15, un evento que, lejos de ser el sueño de cualquier adolescente, resultó ser una experiencia incómoda y llena de anécdotas disparatadas.
La fiesta de 15 años de Alejandra fue algo que, según ella misma, se sintió obligado a celebrar por presión familiar. Su nostalgia no es del tipo deseada; recuerda claramente el malestar y el deseo casi desesperado de que la celebración terminara: “Me caí frente a todo el mundo. Solo quería que terminara esa fiesta”. Elegir un vestido turquesa transparente en su adolescencia, más allá de ser una decisión de moda, se convirtió en una de las muchas sorpresas que la noche le tenía reservadas. La noche culminó en un caos total, describiendo momentos como la ruptura de una calabaza gigante que desató una guerra de golosinas entre los invitados. “Se cortó la luz, se agarraron a piñas”, resumió, delineando un retrato tan caótico como revelador de una celebración marcada por descontrol y una falta de conciencia sobre el manejo del alcohol en fiestas juveniles.
En esta reflexión sobre los cumpleaños, Maglietti también abordó la incomodidad que siente incluso al recibir saludos y escuchar el típico “feliz cumpleaños”. Su percepción sobre la celebración es tan singular que, en lugar de anhelar esos momentos, le resulta casi vergonzoso. En el pasado, había expresado una preferencia por un regalo más tangible: un auto vintage, que costaba lo mismo que realizar la fiesta. Aun así, su deseo no se cumplió, y en lugar de eso, vivió la experiencia de ser la hija mayor que debía cumplir con las expectativas familiares. En una producción anterior, relató la presión de su imagen adolescente, recordando los apodos que lidiaba y cómo, a pesar de no verse conforme en su juventud, terminó ganando un concurso de belleza un año después. Esta transformación en su percepción no solo habla de su belleza reconocida, sino también de un proceso de aceptación y crecimiento personal que la ha llevado a convertirse en una figura pública conocida en la actualidad.


