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El homenaje de Daniel Grinbank a 35 años del polémico espectáculo de Prince en el estadio de River.

Lectura Obligada

Un evento inolvidable: la llegada de Prince a Argentina

El 21 de enero de 1991, el Estadio River Plate se convirtió en el epicentro del rock y el funk con la única presentación de Prince en Argentina. Para muchos, ese día marcó la culminación de años de espera y expectativa. Su estilo vanguardista y su impresionante talento musical lo habían convertido en un ícono mundial, y su llegada era vista como un acontecimiento casi místico. Sin embargo, lo que comenzó como una celebración del funk pronto se tornó en una experiencia agridulce, recordada no solo por su música, sino también por la polémica que rodeó la actuación, la cual duró escasos 77 minutos. Con un setlist que dejó a sus fans con ganas de más, Prince logró despertar tanto la euforia como la frustración del público.

Un espectáculo breve y polémico

Según el productor Daniel Grinbank, la corta duración del show fue el resultado de la impaciencia del artista, quien deseaba asistir a una fiesta en su honor tras el concierto. Las críticas no tardaron en llegar: mientras que muchos esperaban un espectáculo más extenso, se encontraron con un abrupto final que desató el descontento. El público, acostumbrado a largas presentaciones y bises, se sintió engañado y respondió con una lluvia de objetos hacia el escenario. La escena del Monumental se convirtió en un campo de batalla, donde la frustración de los fans se dirigió no solo a Prince, sino también a Grinbank, quien había orquestado todo. Esa noche, la magia de Prince quedó eclipsada por la ira de quienes solo deseaban más minutos del genio de Minneapolis.

Un fanático inflexible: Charly García

En medio de esta tormenta de emociones, Charly García, uno de los músicos más influyentes de Argentina, se destacó por su apasionado apoyo hacia Prince. Para García, el solo hecho de que un artista de tal magnitud pisara suelo argentino era un “milagro”. A pesar de la controversia, Charly defendió a Prince con fervor, afirmando que 77 minutos con el artista eran más que suficientes debido a la intensidad de su música. Su admiración iba más allá de lo musical; lo rescató desde el corazón de un verdadero fanático, defendiendo la esencia y genialidad del músico, y desafiando a quienes se atrevían a criticarlo. En este pequeño microcosmos del rock, la unión entre el músico norteamericano y el argentino quedó demostrada, destacando la complejidad de sus destinos y la libertad de expresión artística que ambos defendían.

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