En una reciente entrevista en el ciclo “Otro Día Perdido” de Eltrece, el actor Gerardo Romano sorprendió a todos con una profunda mirada sobre su vida personal y su relación con la religión. En una conversación amena y llena de anécdotas, Romano abordó con humor y sinceridad su pasado como un hombre con una fuerte educación católica. Desde sus años de juventud, donde asistía a misa cada sábado, hasta su descubrimiento de la sexualidad, el actor no esquivó preguntas sobre su vida amorosa, admitiendo ser “mujeriego” y reflexionando sobre esas experiencias en el contexto de su educación religiosa. La narrativa de Romano resulta atractiva, ya que comparte, sin tapujos, el trasfondo de sus decisiones, revelando que su conducta era, en parte, un intento de recuperar los años de celibato que había vivido en su niñez.
Uno de los momentos más impactantes de la charla fue cuando Romano recordó su primera confesión. Relató cómo, tras confesar su primer orgasmo, fue “echado” por el sacerdote, un episodio que lo llevó a alejarse de la religión de forma definitiva. Esta experiencia lo marcó profundamente, y su relato mostró el sufrimiento y la incomprensión que sintió al no recibir la contención que buscaba en un momento tan vulnerable. Décadas más tarde, y ya a los 50 años, Romano se encontró nuevamente en un confesionario, esta vez tras una noche de excesos, donde volvió a experimentar el rechazo de un sacerdote. Al confesar sus vivencias, incluyendo sexo múltiple y drogas, fue nuevamente “expulsado”, lo que reafirmó su distancia con la Iglesia y dejó en evidencia la falta de conexión que sentía con la fe.
La conversación también giró hacia la noción de “sexo múltiple”, un tema del que Romano se sintió cómodo discutiendo, dejando entrever sus propias experiencias sin arrepentimientos. Se mencionó una anécdota intrigante que incluía un encuentro con un grupo grande de personas, aunque no se dieron nombres, lo que generó expectativa entre el público. Esta interacción con Mario Pergolini se desarrolló en un tono que combinó humor y reflexión, permitiendo que Romano compartiera su historia de manera auténtica. Al final, su relato se convierte en una exploración de la moralidad y la religión en contraste con las vivencias personales, aportando a un diálogo más amplio sobre cómo la vida se entrelaza con las creencias y los valores adquiridos a lo largo del tiempo.


