La Estatua de Mirtha Legrand: Un Homenaje Controversial
En el corazón de Villa Cañás, la estatua de Mirtha Legrand ha generado un torbellino de emociones desde su instalación. La propia conductora ha expresado su desagrado en múltiples ocasiones, llegando a calificarla de “horrible”. En un reciente programa, junto a figuras como Patricia Bullrich y Pía Shaw, Legrand enfatizó su descontento, señalando que había solicitado su retiro, pero que en lugar de eso, había sido retocada, y a su juicio, dejada aún peor. La incomodidad de Mirtha se intensificó cuando se dio cuenta del calzado que la escultura le había atribuido: “Jamás uso sandalias con los dedos al aire”, comentó, reflejando su desprecio por un homenaje que no se siente le hace justicia.
Las críticas de Mirtha no se limitan a la estética. Desde el comienzo, ha manifestado su sorpresa de no haber sido consultada sobre la realización de la escultura, creada por el artista plástico cordobés Daniel Melero. “Nunca tuve contacto con él”, explicó, mostrando su desconcierto por el proceso que llevó a la creación de una imagen que, manifiesta, no se asemeja a ella. Entre risas, Legrand ha añadido detalles humorísticos a sus críticas, mencionando que muchos bustos de bronce carecen de dientes, lo que añade un tono irónico a su disconformidad. Su hija, Marcela Tinayre, también ha compartido la burla familiar, pidiendo que la escultura “no sea ella” hasta en lo que respecta a la dentadura.
A pesar del desdén de la Chiqui hacia su estatua, el intendente de Villa Cañás, Norberto Gizzi, defiende la escultura, indicando que atrae a visitantes de otras ciudades: “Vienen de todas las ciudades a verlo, así que lo dejamos”, explicó con un aire de celebración. Mientras que la estatua puede no haber logrado la aprobación de Legrand, otros homenajes, como un retrato exhibido en la estación de ómnibus de la ciudad, sí han recibido su valoración positiva. En medio de este desacuerdo, la estatua emblemática queda como un símbolo de la compleja relación entre el arte y la percepción pública, donde los homenajes pueden ser tan celebrados como rechazados.


