La Salida de Marco Lavagna y la Manipulación de la Inflación
La reciente salida de Marco Lavagna del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) ha generado un revuelo tanto en el ámbito político como en la economía argentina. Este acontecimiento puede leerse como una señal alarmante sobre las tácticas que el gobierno de Javier Milei estaría utilizando para gestionar las cifras de inflación. En un contexto donde la inflación ha mostrado un aumento constante desde mediados de 2025, comenzando en junio con un 1,6% y alcanzando un 2,8% hacia diciembre, el relato de desinflación que promueven Milei y su Ministro de Economía, Luis Caputo, parece alejarse cada vez más de la realidad cotidiana de los ciudadanos. Muchos argentinos observan con desconfianza el contraste entre los datos oficiales y su propia experiencia al momento de hacer compras.
Uno de los puntos de quiebre en esta situación ha sido la controversia en torno a la posposición de una nueva metodología para calcular el Índice de Precios al Consumidor (IPC). La modernización del cálculo, que prometía basarse en una canasta de consumo más actualizada, fue abruptamente descartada tras la llegada de Milei al poder. Según el informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), la inflación oficial acumulada desde la asunción de Milei hasta noviembre de 2025 fue del 249,5%, pero con la nueva metodología —que se mantenía en la bruma de promesas incumplidas— se habría disparado hasta el 288,2%. Este hecho no solo refleja la urgencia de actualizar los métodos de cálculo, sino que también revive preocupaciones sobre la falta de transparencia similar a las que se vivieron durante la presidencia de Cristina Kirchner.
El impacto de esta situación no se limita únicamente a las cifras de inflación, sino que también afecta directamente a la clase media a través de las alteraciones en los subsidios energéticos, que han llevado a un aumento considerable en las facturas de servicios. Las recientes modificaciones que reducen las categorías de hogares con subsidios a solo dos —con o sin subsidios— complican aún más la situación. Esto podría desencadenar un efecto dominó en los índices inflacionarios, ya que los costos de los servicios ahora recibirían mayor peso en el IPC, algo que la metodología que se había proyectado incluiría. De acuerdo con el CEPA, es vital que el Indec actualice sus estadísticas para reflejar la realidad de los costos actuales en lugar de seguir métodos que pueden estar sirviendo más a un discurso político que a las necesidades reales de la población.


