Verano en José Ignacio: La Belleza de los Momentos en Familia de Dolores Trull
Las tardes soleadas de verano en las playas de José Ignacio se han convertido en el destino favorito de Dolores Trull, un ícono de la moda de los ‘90. Este año, como en temporadas anteriores, la empresaria se ha instalado en la zona junto a su familia, disfrutando de la tranquilidad que ofrecen la playa Brava y la Mansa. Eligiendo siempre los rincones más resguardados, Dolores comparte momentos de complicidad con su marido, Alejandro Pueyrredón, y sus hijos, Cala y Félix. Su rutina combina la diversión y el descanso, lejos del ruido y la agitación de la vida urbana, todo en medio de un paisaje paradisíaco que invita al disfrute.
En la playa Brava, donde las olas son un imán para los amantes del mar, la imagen de Dolores se destaca. Sentada sobre una manta clara, con un bikini verde oliva y grandes anteojos oscuros, irradia seguridad y relax. A su lado, una bolsa tejida y un libro abierto apuestan por el ocio, mientras su hijo, con una sonrisa que ilumina el atardecer, disfruta a pocos pasos en una reposera. El ambiente, salpicado de risas y miradas cómplices, evoca el sentido de pertenencia a un espacio protegido, donde el tiempo parece detenerse y la felicidad se mide en instantes compartidos. Los días transcurren con una cadencia despreocupada, un lujo que pocos pueden permitirse.
Cuando el viento se vuelve insistente, la familia se traslada a la playa Mansa, donde el mar ofrece una calma diferente. En una instantánea que captura la esencia del verano, Dolores aparece en el agua, con un bikini negro de diseño único, el sol dándole un brillo especial a su piel. Esta rutina de verano, donde cada detalle cuenta, va más allá de la búsqueda de un lugar soleado; se trata de construir memorias en familia. La simplicidad de los objetos en la arena, el diálogo silencioso entre madre e hijo y la belleza natural del entorno crean un mosaico que refleja la intimidad de sus vidas. Dolores Trull y su familia han hecho de las playas de José Ignacio su refugio, donde cada año se renuevan los lazos y se escribe la historia familiar con cada ola que rompe en la orilla.


