En las últimas semanas, el panorama político argentino ha estado marcado por una creciente controversia en torno al presidente Javier Milei. La Consultora Trespuntozero reveló que un impactante 57,9% de los encuestados responsabiliza directamente al mandatario por un escándalo de corrupción relacionado con la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS). Esta crisis no solo afecta la imagen del presidente libertario, sino que también repercute en la confianza hacia su administración, que se ha visto debilitada en un momento delicado, a pocos meses de las elecciones legislativas. La percepción negativa ha escalado, colocando a Milei en una posición complicada frente a otros políticos como Axel Kicillof y Cristina Kirchner, quienes han logrado capitalizar esta caída en popularidad.
El escándalo en cuestión involucra a Diego Spagnuolo, ex titular de ANDIS, quien se ve envuelto en audios comprometedores donde se discuten prácticas de coimas que afectarían no solo su entorno, sino también a familiares del presidente, tales como su hermana, Karina Milei, y figuras políticas cercanas como Eduardo “Lule” Menem. Un dato alarmante es que un 79% de la población ya tiene conocimiento de estas irregularidades, lo que ha alimentado un clima de desconfianza. La gestión de Milei ha caído de manera drástica, con menos del 40% de aprobación y un 57% de la ciudadanía que califica su manejo como “malo” o “muy malo”, en un contexto en el que la corrupción es vista como el principal problema del país.
La percepción general frente a este escándalo ha generado un ambiente de escepticismo hacia el gobierno. A pesar de que un 37,6% de sus votantes aún respaldan a Milei, un 15,5% ha decidido retirar su apoyo, una clara señal de que la situación se torna crítica. Los audios comprometedores, considerados por un 62,5% de los encuestados como evidencias de corrupción severa, han impactado incluso en la base electoral del presidente. Mientras figuras como Kicillof y Kirchner ganan terreno, Milei se enfrenta al desafío urgente de restaurar su imagen y la confianza del electorado, que se ve cada vez más erosionada por estos escándalos y la percepción de un manejo ineficaz de la administración pública. En un país que lidia con la corrupción y problemas sociales como la pobreza y la inseguridad, el tiempo se convierte en un factor crítico para el futuro del mandatario libertario.