Una mirada a los hábitos del jabalí en la Patagonia
La llegada del invierno en la Patagonia transforma la vida del jabalí (Sus scrofa), una especie exótica invasora notablemente adaptable. La caída drástica de la temperatura y la acumulación de nieve obligan a estos animales a modificar sus hábitos de vida para garantizar su supervivencia y mantener la energía. Según Martín Abad, médico veterinario y técnico del INTA, durante esta época, los jabalíes tienden a permanecer en sus territorios habituales, ya que se agrupan para reproducirse. A fines del otoño, las piaras se componen principalmente de hembras, lechones y varracos, con los machos más grandes siendo expulsados, lo que les lleva a buscar nuevas piaras para poder aparearse. La gestación dura aproximadamente tres meses, tres semanas y tres días, y es fundamental que las hembras se alimenten adecuadamente para asegurar el crecimiento saludable de sus crías.
A medida que el frío se intensifica, los comportamientos de alimentación del jabalí también sufren cambios significativos. Mientras que durante el verano son predominantemente nocturnos para evitar el calor y la interferencia humana, en invierno se vuelven diurnos, optando por alimentarse durante las horas centrales del día cuando el sol calienta y la helada disminuye. La escasez de frutos de estación, como la rosa mosqueta y los piñones de araucaria, obliga a estos animales a convertirse en expertos excavadores. Utilizan su potente disco nasal para romper capas de suelo congelado o nieve, buscando raíces, bulbos, tubérculos e incluso larvas e insectos. Además, la carroña de animales muertos se convierte en un recurso valioso, proporcionando proteínas y grasas críticas para mantener su temperatura corporal en las heladas patagónicas.
La movilidad del jabalí también se ve afectada por las condiciones invernales. Evitan las zonas más altas donde la nieve es profunda, ya que sus patas cortas dificultan el desplazamiento y el gasto energético se incrementa significativamente. En su búsqueda de refugio, se agrupan en áreas de vegetación densa, como matorrales cerrados y bosques de coihue y ciprés, donde encuentran calor y protección. Establecen “camas” o parideras hechas de ramas y hojas para abrigarse mutuamente ante el frío intenso. Durante el principal periodo de celo, que inicia a fines de otoño y principios de invierno, los machos grandes recorren largas distancias en busca de hembras, lo que conlleva a enfrentamientos territoriales entre ellos y un aumento en su visibilidad antes de las nevadas más pesadas. Este comportamiento es importante a considerar cuando uno se aventura en senderos o caminos de montaña en la región.


