Desigualdades de género en la salud: el impacto del sesgo androcéntrico
Desde hace décadas, las epistemologías feministas han puesto en el centro del debate cómo los conceptos y valoraciones de la ciencia se construyen bajo un sesgo androcéntrico. Este fenómeno no solo perpetúa prejuicios, sino que también asienta bases para una desigualdad estructural que se traduce en efectos concretos sobre la salud de las mujeres. Según la médica ginecóloga y asesora del Ministerio de Salud de Neuquén, Gabriela Luchetti, muchas enfermedades específicas de las mujeres, como la endometriosis, tardan entre cuatro y diez años en ser diagnosticadas efectivamente. Esto se debe a que, en la medicina, lo masculino a menudo se asume como el patrón universal, obviando las particularidades femeninas.
El impacto del sesgo en el diagnóstico médico
La discriminación de género está enraizada en la práctica médica a tal punto que afecta la calidad del diagnóstico. Luchetti comenta que este sesgo también se manifiesta en la industria farmacéutica, que suele reclutar principalmente hombres para sus investigaciones. Esto genera datos que, aunque aplicables a la población masculina, no necesariamente se trasladan a la salud de las mujeres. Como ejemplo, se menciona el infarto miocardio: aunque los hombres tienen más infartos, los de las mujeres son más letales. Si un hombre mayor de 40 años llega a la guardia con dolor de pecho, es probable que reciba un electrocardiograma; por otro lado, una mujer en la misma situación podría salir con un tranquilizante. Este desbalance en el diagnóstico ha llevado a que el infarto, no detectado a tiempo, tenga consecuencias fatales para ellas.
La falta de investigación en anticoncepción masculina
El sesgo de género en la salud no solo perjudica a las mujeres, sino también a los hombres. Según Luchetti, las mujeres suelen realizar más consultas médicas, mientras que los hombres tienden a dejar de lado su salud, priorizando el trabajo sobre el bienestar personal. Esto se debe a creencias sociales que los llevan a pensar que el cuidado de la salud es un segundo plano. Además, existe una falta de investigación sobre anticoncepción masculina. La medicina ha relegado a la mujer al rol de “depositaria” del embarazo y la anticoncepción. Esto no solo es injusto, sino que es también un reflejo de la falta de interés científico en estudiar métodos de anticoncepción para hombres, mientras que muchos de los métodos femeninos tienen efectos adversos serios. Según Luchetti, el dolor de las mujeres tras procedimientos médicos, como el parto o una mamografía, se minimiza y naturaliza. Por lo tanto, es imprescindible reclamar una medicina con enfoque de género que permita visibilizar y atender estas desigualdades.


