
<figcaption>Pilca Viejo. Foto: Gentileza</figcaption>
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Un puente educativo en el campo
Acercar una escuela secundaria agrotécnica a jóvenes que viven en zonas rurales es una tarea desafiante que va más allá de abrir las puertas de un aula. En el Centro Educativo Rural Pilca Viejo, la rutina de los 82 alumnos que la asisten se ve marcada por distancias, caminos en mal estado y la necesidad de residencias. Desde su inauguración en 2022, la escuela busca ofrecer oportunidades educativas donde históricamente estas han sido limitadas. Según Federico Mutti, director del centro, el objetivo es “acercar educación puntualmente a aquellos en donde las oportunidades están más acotadas”.
Fundación Cruzada Patagónica: un compromiso en acción
La escuela forma parte de la Fundación Cruzada Patagónica, que lleva 46 años trabajando en la educación y desarrollo rural en el oeste de la Patagonia. La iniciativa nació de un grupo de jóvenes de Buenos Aires que, al visitar parajes en la zona de Junín de los Andes, evidenciaron las diferencias en acceso educativo. Como resultado, decidieron ofrecer su conocimiento para acercar la educación a quienes, en muchos casos, ni siquiera tienen acceso a la escuela primaria. Muchos papás de los estudiantes actuales comparten relatos de cómo ellos mismos no tuvieron esa posibilidad, lo que hace que cada día en Pilca Viejo sea una oportunidad de superación.
La vida dentro y fuera del aula
La dinámica diaria en Pilca Viejo es única. Las clases comienzan a las 8:30 con el izamiento de la bandera y se estructuran entre materias tradicionales y trabajo en espacios productivos. Esto permite a los estudiantes alternar entre el trabajo práctico y el aprendizaje académico. La residencia estudiantil, ubicada dentro de la propia escuela, es fundamental para aquellos que provienen de lugares distantes. Con una programación que incluye no solo estudios sino también talleres en áreas como tallado en madera, cocina y deportes, los alumnos tienen un espacio donde aprender y crecer en comunidad. Con 45 de los 82 estudiantes alojándose en la escuela durante la semana, la residencia se transforma en un hogar y un entorno de apoyo mutuo en un contexto de desafíos como el clima y las distancias, mostrando así que la educación en el campo tiene muchas aristas que van más allá de los contenidos académicos.


