Ocupación de Veredas en Bariloche: Un Tema Controversial
Caminar por el centro de Bariloche es, para muchos, una experiencia que combina la belleza del paisaje y la riqueza cultural de sus bares y restaurantes. Sin embargo, esto también significa lidiar con mesas y sillas que ocupan las veredas, una situación que no solo resulta incómoda, sino que también plantea una serie de interrogantes sobre el uso del espacio público. La ordenanza municipal 1191-CM-02, vigente desde 2002, establece las normas sobre su ocupación, permitiendo que los comercios gastronómicos instalen mobiliario en la vereda, pero siempre bajo estrictas regulaciones. ¿Cuáles son estos lineamientos y cómo se han mantenido a lo largo de los años?
Reglas que No Cambian
A pesar de que han pasado más de dos décadas desde que la ordenanza fue implementada, Bariloche sigue funcionando bajo las mismas reglas que se establecieron en 2002. Aunque se actualizó el valor de las multas en 2025, los requisitos fundamentales continúan sin alteraciones. La normativa exige que para colocar mesas y sillas en la vereda, los comerciantes deben solicitar un permiso a la Dirección de Habilitaciones, que contempla la presentación de varios documentos, entre ellos, la habilitación comercial vigente y un certificado de libre deuda municipal. Además, debe dejarse un mínimo de dos metros de espacio libre en la vereda para facilitar el paso de transeúntes, lo que reafirma que este espacio es público y no debe ser monopolizado por intereses privados.
Criterios de Diseño y Espacios Prohibidos
La ordenanza también detalla minuciosamente qué tipo de mobiliario se puede usar y en qué lugares se pueden instalar las mesas. Por ejemplo, se permiten sombrillas con un diámetro máximo de 1,50 metros, pero no se autorizan estructuras cerradas como decks o cabinas. Además, el espacio público no debe verse afectado: está prohibido colocar mobiliario a menos de cinco metros de hospitales, paradas de colectivos, y rampas de acceso para discapacitados. Las especificaciones sobre los materiales del mobiliario son claras: deben ser de madera o similares y combinar con hierro forjado para integrarse con la estética urbana. Esta atención al detalle no solo tiene que ver con la funcionalidad, sino también con la armonía del entorno de Bariloche, buscando que la experiencia de los visitantes no se vea afectada por la ocupación desmedida de las veredas.
En resumen, a medida que Bariloche crece y se transforma, es vital que los ciudadanos y comercios comprendan la importancia de respetar el espacio público. La ordenanza 1191-CM-02, a pesar de ser considerada por muchos como obsoleta, continúa siendo la norma a seguir, recordándonos que las veredas son un bien común que debe ser disfrutado por todos.


