Un Colapso Energético Sin Precedentes en la Península Ibérica
El 28 de abril de 2025 quedó grabado con fuego en la memoria colectiva de España y Portugal: un colapso eléctrico masivo que dejó a millones de personas a oscuras y desató una ola de incertidumbre. La Red Europea de Gestores de Redes de Transporte de Electricidad (ENTSO-E) ha llevado a cabo una exhaustiva investigación que concluye que este apagón no fue producto de un único fallo, sino de una “tormenta perfecta” de factores, incluyendo oscilaciones de frecuencia, problemas en el control de tensión y una respuesta descoordinada por parte de los generadores eléctricos. Según el informe, el sistema alcanzó un punto de no retorno donde, aunque los mecanismos de defensa se activaron, resultaron insuficientes para prevenir el colapso.
Entre los hallazgos más alarmantes, se identificaron tres pilares fundamentales que cimentaron el caos técnico: la inadecuada actuación de generadores convencionales, la rigidez de la generación renovable en el control de tensión y la respuesta lenta del Operador del Sistema (Red Eléctrica) ante situaciones que exigían una reacción instantánea. Damián Cortinas, presidente del Consejo de Administración de ENTSO-E, enfatiza que el problema radica en la falta de adaptación de los sistemas de control ante la velocidad de estos eventos, lo que se traduce en un desafío a la capacidad del sistema para mantener la estabilidad bajo condiciones cambiantes.
El informe también revela lagunas en la normativa vigente en ese momento, apuntando a la falta de penalizaciones por incumplimientos en el soporte de potencia reactiva. Además, se observa un debilitamiento en la capacidad de los pequeños generadores, que se desconectaron abruptamente en el momento crítico, exacerbando la situación. Ante esta crisis tan compleja, se demanda una revisión urgente de los planes de contingencia y de los procedimientos operativos en un marco legal que incentive adecuadamente la estabilidad en el suministro. La transición energética, aunque necesaria y prometedora, requerirá una reestructuración que permita al sistema eléctrico ibérico mantenerse resiliente ante futuros desafíos.


