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A un año de su fallecimiento: recuerdos relacionados con Vargas Llosa

Lectura Obligada

De la amistad con Sabina a sus “demonios”

El 13 de abril de 2025, el mundo de las letras perdió a uno de sus más grandes referentes: Mario Vargas Llosa. Apenas unos días después de haber celebrado su octogésimo noveno cumpleaños, este emblemático autor dejó un vacío irremplazable en la literatura hispanoamericana. Su partida, coincidiendo con un domingo que podría evocar supersticiones, nos recuerda cómo la vida y la muerte pueden tejer historias de forma inextricable. Vargas Llosa, nacido el 28 de marzo de 1936, no solo fue un maestro del relato, sino también un ferviente defensor de las letras, cuyo legado perdurará en las estanterías y corazones de sus lectores.

Uno de los vínculos más entrañables que Vargas Llosa mantuvo fue con el cantautor Joaquín Sabina. En una de esas tardes al calor de una conversación literaria, en la casa del artista en la calle Relatores de Madrid, Joaquín mostró a Vargas Llosa una primera edición de “Ulysses” de James Joyce, un objeto que desbordaba historia y significado. Este encuentro marcó el inicio de una sólida amistad, construida sobre la apreciación mutua hacia la escritura. Sabina, con su particular sensibilidad, incluyó a “Conversación en la Catedral” en su lista de novelas preferidas, destacando cómo el amor por las letras puede generar lazos tan poderosos como cualquier lazo de sangre. La admiración de Sabina por la obra de Vargas Llosa refleja el profundo respeto que se mantenía entre estos gigantes de la cultura.

Sin embargo, Vargas Llosa no solo se limitaba a disfrutar de la literatura; también reflexionaba profundamente sobre lo que implica el acto de escribir. En un encuentro memorable en Buenos Aires, cuando se le preguntó sobre los “demonios” que lo impulsaban a crear, el autor respondió con una sonrisa, sugiriendo que el verdadero misterio de la creatividad reside en fuerzas que escapan al control racional. Describió estos “demonios” como instintos, impulsos que alimentan la imaginación y que, aunque a veces escurridizos, son esenciales para el proceso creativo. Esta reflexión no solo revela la profundidad del pensamiento de Vargas Llosa, sino que también conecta con todos aquellos que han sentido el llamado de la creación, sea en la escritura, la pintura o cualquier otra forma de arte. Con su muerte, sus lectores no solo lloran la pérdida de un autor, sino también la de un pensador que nos invitó a explorar las sombras de nuestra propia creatividad.

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