Las Amenazas de Tiroteo en Escuelas Argentinas: Un Fenómeno Social Complejo
A mediados de abril, una serie de amenazas de tiroteo en escuelas de Bariloche y otras localidades de Argentina ha suscitado preocupación en diversas comunidades. Este fenómeno no se limita a una sola región o sector socioeconómico; en cambio, ha demostrado una notable dispersión geográfica que incluye desde colegios parroquiales en barrios de clase media hasta instituciones más elitistas. El sociólogo Sebastián Fonseca observa que, curiosamente, estas amenazas tienden a tener un patrón común en cuanto a sus autores: mayoritariamente adolescentes varones. Esto sugiere que, aunque el fenómeno atraviesa clases sociales, parece la falta de representación femenina en este tipo de interacciones, lo que invita a reflexionar sobre las dinámicas de género en el ámbito escolar.
Fonseca destaca que el entorno del baño escolar se convierte en un espacio clave para entender este fenómeno. En muchos casos, este lugar es uno de los pocos donde los varones se sienten “libres de la mirada adulta”. Dentro de este espacio semioculto, se transmiten las primeras lecciones de la masculinidad tradicional, creando una especie de “aula paralela” donde se forman jerarquías y comportamientos que definen las relaciones entre varones. Esta dinámica, lejos de ser accidental, refleja un pacto silencioso que se extiende más allá de los niveles socioeconómicos, sugiriendo que la violencia y la exclusión se enseñan de maneras sutiles y culturales. Así, el uso del baño como escenario para estas amenazas se convierte en un símbolo de la lucha por visibilidad que muchos adolescentes sienten que les falta en otras áreas de su vida.
El papel de las redes sociales también merece atención, según la psicopedagoga Mariana Savid Saravia, quien menciona el fenómeno del “efecto contagio”. La viralización de estas amenazas transforma a los autores en “héroes oscuros”, facilitando la repetición del comportamiento. Sin embargo, es clave matizar que las plataformas digitales no son las responsables directas de este comportamiento violento; en cambio, son un megáfono que amplifica lo que ya se ha aprendido en la vida cotidiana. La verdadera problemática radica en las enseñanzas que se transmiten desde la niñez sobre lo que significa ser un varón en nuestra sociedad, donde el silencio y la indiferencia pueden continuar perpetuando estas dinámicas dañinas. Así, surge la necesidad de repensar cómo educamos y acompañamos a los varones, para que sus voces y emociones encuentren espacios seguros de expresión, lejos de la violencia y el desamparo.


