La Pasión de Jorge D’Ottavio por las Abejas
Hoy, en el Día Mundial de las Abejas, celebramos no solo la importancia de estos increíbles polinizadores, sino también historias inspiradoras como la de Jorge D’Ottavio. Su viaje comenzó hace casi diez años gracias a una invitación de su suegro para participar en un curso de apicultura en Bariloche. Lo que en un principio era una simple curiosidad se transformó en una pasión profunda que abarca la producción de miel, el estudio del cambio climático y la docencia. Jorge comparte su conocimiento con entusiasmo, resaltando el papel crucial que tienen las abejas en la biodiversidad y en la producción de aproximadamente el 75% de los cultivos en el mundo.
A medida que Jorge se adentró en el mundo de la apicultura, su relación con las abejas evolucionó. Lo que antes parecía un hobby pasó a ser una vocación que desafía su comprensión de la naturaleza. “Uno tiene que pensar como abeja, no como ser humano”, nos dice. En este sentido, destaca un mito común: las abejas no atacan, se defienden. Para él, cada colmena representa un pequeño universo en el que trabaja una comunidad con un propósito común, un ejemplo social que nos invita a reflexionar sobre cómo deberíamos organizarnos en nuestra propia sociedad. En sus colmenas, encuentra un espacio donde el respeto y la cooperación son los pilares fundamentales.
La apicultura, según Jorge, requiere paciencia y dedicación. El proceso de producción de miel puede llevar tiempo; los rendimientos óptimos suelen alcanzarse a partir del segundo año. Sin embargo, no solo se dedica a la producción sino también a la investigación. Su estudio sobre los efectos del cambio climático en la apicultura es un testimonio de su compromiso con la materia. Jorge ha puesto su conocimiento al servicio de la comunidad a través de talleres y charlas en escuelas, aportando valiosos recursos y experiencias a una nueva generación. Para él, cada lección que imparte es como abrir una colmena, llena de posibilidades para aprender y crecer. Las diferencias en la miel, sus colores y sabores, son un reflejo directo de la flora de la región y del entorno natural, lo que hace que la apicultura en Patagónica sea única y rica en matices.


