El Lagomoto de Bariloche: Un Episodio Impactante en la Historia Local
El 22 de mayo de 1960 es una fecha que quedó grabada en la memoria de los barilochenses, marcada por uno de los episodios más dramáticos de la historia de la ciudad: el “lagomoto”. Esta inusual ola de gran magnitud devastó el histórico muelle en el lago Nahuel Huapi, dejando una estela de destrucción y el luto de dos víctimas fatales. El fenómeno ocurrió tras el terremoto más fuerte jamás registrado, el de Valdivia en Chile, que alcanzó una magnitud de 9,5 en la escala de Richter. A pesar de que el epicentro se hallaba a más de mil kilómetros de distancia, las ondas sísmicas generaron un fenómeno que sorprendió a todos los presentes.
En una tarde de domingo que prometía normalidad, la ciudad se disponía a disfrutar de una exhibición militar en “El Picadero”, cuando de repente, la tierra comenzó a temblar. Después del primer impacto, el lago Nahuel Huapi empezó a comportarse de manera extraña; el agua se retiró, exponiendo el lecho del lago antes de volver con una fuerza descomunal en forma de olas que alcanzaron entre cinco y siete metros de altura. Estas impresionantes olas arrasaron todo a su paso, incluyendo el muelle del puerto San Carlos y varias embarcaciones, como la emblemática Modesta Victoria, que fueron destrozadas o hundidas. Testigos de la época nunca olvidaron la devastación en sus calles y la feroz reacción del agua.
Desgraciadamente, el evento también cobró dos vidas: Andrés Kempel y Julio Frattini, quienes se encontraban trabajando en el muelle al momento del fenómeno. Sus historias ahora forman parte del legado emocional de Bariloche y su comunidad. Aunque muchos describieron el acontecimiento como un “tsunami”, expertos coincidieron en que se trataba de un “seiche” o lagomoto, un fenómeno poco común en cuerpos cerrados de agua. Para añadir más calamidad, dos días después del terremoto, la erupción del volcán Puyehue cubrió la ciudad de cenizas, intensificando aún más el sentido de catástrofe. A medida que los años han pasado, el lagomoto se ha convertido en un recordatorio de la fuerza de la naturaleza, resguardado en relatos y fotografías que siguen vivas en la memoria colectiva de la comunidad.


