Un análisis más profundo revela que el impacto de esta crisis no ha sido uniforme entre las diferentes terminales. Mientras que el sector de los automóviles particulares ha sido el más golpeado, con una caída alarmante del 37,2%, los vehículos utilitarios lograron mantenerse en pie con una merma leve del 2,9%. Este contraste sugiere que, aunque la industria automotriz se encuentra en un momento difícil, algunos segmentos han sabido adaptarse a las demandas del mercado. Sin embargo, el comercio exterior también ha contribuido a esta problemática, ya que las exportaciones durante el mes de junio mostraron una caída del 1,7%, afectadas principalmente por una disminución en los envíos a Brasil y Paraguay, que son dos de los principales mercados para la producción nacional.
La situación se complica aún más con la creciente presencia de vehículos de origen chino en la región, que han tenido un impacto directo en la producción local, desafiando a las fábricas nacionales a reinventarse. Además, algunas plantas han optado por interrumpir la fabricación de modelos livianos para concentrarse en camionetas “pick-ups”, lo cual puede resultar en interrupciones en la producción y reflejarse en las estadísticas. Por otro lado, las ventas mayoristas a concesionarias locales también han reflejado una caída significativa del 23,7% en el primer semestre, mientras que los autos importados desde China han visto un crecimiento sorprendente del 1533,2% en el mismo período. Este fenómeno resalta la complejidad del actual ecosistema automotor en Argentina, donde los desafíos son multifacéticos y exigen soluciones adaptativas y estratégicas por parte de los actores del sector.


