El evento de ayer fue solo el comienzo de un ambicioso esquema de protestas que la CGT está desarrollando. Para el próximo viernes 7 de agosto, está proyectada una movilización masiva en San Cayetano que promete exacerbar aún más la presión sobre el Gobierno. Además, la mesa de conducción de la CGT está evaluando la posibilidad de convocar a un paro general de 36 horas, una medida que podría intensificar la lucha por los derechos de los trabajadores y que buscará la adhesión de diferentes sectores productivos desde el interior del país. La intención es clara: recuperar la iniciativa en la calle y articular un frente unido ante una situación económica que muchos consideran insostenible.
En este contexto de creciente tensión, el cosecretario general de la CGT, Cristian Jerónimo, ha sido contundente al afirmar la ruptura de los canales de diálogo con el Gobierno. Su diagnóstico sobre la situación actual es alarmante, describiendo un escenario crítico que exige respuestas inmediatas y efectivas. A pesar de los recientes esfuerzos del Gobierno por aliviar la presión financiera sobre las obras sociales, la CGT considera que estas medidas son insuficientes ante la continua licuación de salarios. La movilización de ayer dejó en evidencia que la tregua alcanzada con la Casa Rosada está más que agotada, y los sindicatos están decididos a llevar su reclamo a las calles, buscando reivindicaciones que respondan a las verdaderas necesidades de la población.


