El Encuentro Mítico y la Inmortalización del Gol
El 22 de junio de 1986 es una fecha grabada a fuego en la memoria colectiva argentina. En el estadio Azteca, la selección argentina se enfrentaba a Inglaterra en un partido que trasciende el ámbito del deporte, convirtiéndose en un hito en la historia de la humanidad. Aquel día, Diego Armando Maradona dejó su impronta con dos goles que el mundo jamás olvidará: el controvertido “Gol de la Mano de Dios” y el célebre “Gol del Siglo”. Bajo un sol implacable, mientras los hinchas vibraban a cada jugada, un hombre se preparaba para capturar la esencia de esos momentos. Eduardo Longoni, fotógrafo de prensa, se encontraba en las cercanías del campo, listo para inmortalizar lo que estaba por ocurrir.
Longoni, cuya trayectoria en la fotografía lo llevó a plasmar lo mejor del arte y la cultura, se encontró en un lugar y en un momento crucial. Su recuerdo de aquel día comienza con una anécdota peculiar: llegó tarde al partido y se vio obligado a acomodarse en una posición no ideal. “Era un momento de desesperación; necesitaba fotos para transmitir la emoción de lo que estaba sucediendo”, recuerda. En la vorágine del encuentro, su cámara se encontró alineada con la jugada que daría lugar a uno de los instantes más icónicos del fútbol: Maradona, en un salto espectacular, se alzaba para impactar la pelota antes de que esta alcanzara las manos del arquero inglés, Peter Shilton. Fue un momento casi accidental, pero Longoni lo capturó con una precisión que solo un ojo entrenado podría lograr.
El uso de la fotografía analógica en aquella época presenta una carga nostálgica y técnica que hoy en día se ha transformado con la digitalización. Longoni relató cómo la presión de obtener una buena imagen era inmensa, y cómo había desarrollado a lo largo de los años su destreza en la captura de escenas políticas y sociales, sin considerarse un fotógrafo deportivo. Sin embargo, la imagen que más reconocimiento le otorgaría sería precisamente la de Maradona en el aire, un instante que evocó el mismo fervor que se vivió en las calles argentinas. A través de sus palabras, se vislumbra el respeto y la sorpresa que siente por haber inmortalizado un momento tan trascendente en la historia del fútbol argentino, una captura que se convirtió en símbolo y legado del talento de un ícono que cambió el juego para siempre.


