Algunos apuntes a manera de reflexión en el Día del Periodista
En este Día del Periodista, es innegable que nos encontramos ante un contexto lleno de contrastes y desafíos para nuestra profesión. La palabra “periodismo” ha sido objeto de un cierto “bastardeo” en los últimos años, donde no solo identificamos a quienes no visten con dignidad el manto de la verdad, sino a quienes se suman a las voces que atacan a los periodistas en un panorama donde la información se desdibuja. Desde las estructuras de poder, los gritos en contra del ejercicio periodístico a menudo carecen de fundamento y se asemejan más a un eco que busca deslegitimar un rol esencial para la sociedad. En este entorno, los periodistas son vistos como los guardianes de la verdad, y este miedo que suscitan se traduce en un intento de acallar sus voces, pues el buen periodismo tiene el poder de hacer reflexionar, cuestionar y, fundamentalmente, razonar.
El acto de pensar y hacer pensar es la esencia del verdadero periodismo. Sin embargo, en estos tiempos, la reflexión ha sido opacada por la fugacidad de la desinformación. A menudo, las redes sociales y los bulos se propagan más rápidamente que la verdad, lo que plantea un enorme dilema. La famosa frase de Cornelio Tácito, “La rara felicidad de los tiempos en los que pensar lo que quieras y decir lo que piensas está permitido”, resuena con fuerza en nuestra realidad actual. Esto nos lleva a recordar los inicios de nuestra profesión en el país con la Gazeta de Buenos Ayres en 1810, que buscaba promover la libertad de expresión en un contexto en el que esta era limitada. La valentía y el compromiso de aquellos pioneros todavía deben ser nuestra guía, sosteniendo el legado de un periodismo que, pese a lo adverso, sigue enfrentándose a un complejo entramado social y político.
Frente a los retos de la actualidad, el periodismo tiene motivos para celebrar. Aunque enfrentamos ataques, también hay un empuje inquebrantable por seguir adelante, exigendo que la labor se realice con seriedad y respeto. Ante la irrupción de herramientas como la inteligencia artificial en el campo de la información, es esencial recordar que estas son solo eso: herramientas que deben ser manejadas con juicio humano. La inteligencia y el discernimiento siguen siendo atributos irremplazables. En este sentido, el deseo es que cada periodista encuentre su voz en medio del ruido y que estos momentos de reflexión sirvan para fortalecernos en la búsqueda de una verdad que, aunque atacada, sigue viva y más necesaria que nunca.


