Molina: ElArquero Que Se Convirtió en Jugador de Campo
José Francisco Molina, actual seleccionador de la Seleccion de Honduras, vive un capítulo fascinante en su carrera, una historia que lo conecta con el destino del fútbol y su singular trayectoria. En medio de un proceso de reconstrucción tras el fracaso de la era de Reinaldo Rueda, Molina se enfrenta al desafío de guiar a los Catrachos rumbo al Mundial de 2030. Pero su pasado en la selección española es un relato que intriga y asombra: la épica y el absurdo se entrelazan en un debut inolvidable.
Todo comenzó el 24 de abril de 1996, cuando la Selección Española, dirigida por Javier Clemente, se disponía a enfrentar a Noruega en un amistoso en Oslo. Lo que se esperaba fuese una formalidad se complicó cuando una lesión en el minuto 76 dejó a España con diez jugadores. En un giro inesperado, Clemente decidió que Molina, el arquero suplente que se encontraba en el banco, debía ingresar como jugador de campo. La escena se tornó aún más surrealista cuando, debido a la falta de una camiseta adecuada, el personal de utilería improvisó un número 13 en su camiseta, pintando sobre un 18. Así, Molina saltó al campo con un pantalón de arquero y una camiseta que desafiaba toda lógica.
Durante los veinte minutos que estuvo en juego, Molina no desentonó y mostró habilidades que desafiaban su posición habitual. Se destacó por su disciplina, se asoció con otros delanteros y hasta estuvo cerca de marcar un gol con un potente derechazo que pasó rozando el poste. “Jugaba increíble al fútbol”, justificó Clemente, reconociendo que pocos jugadores habrían interpretado el juego con la eficacia que mostró el arquero. Sin embargo, esa misma historia tendría un giro dramático años después, cuando un error en la Eurocopa 2000 —su último encuentro con la selección— lo relegó a un segundo plano en favor de Santiago Cañizares. Desde cánticos en su honor hasta un debut insólito, Molina se adentra en la memoria colectiva del fútbol español como un ícono de la adaptación y resiliencia.


