La adjudicación de este contrato ha implicado una inesperada caída para el consorcio local formado por Techint y Sacde, que eran ampliamente considerados como los favoritos gracias a su experiencia y operatividad en la zona. Sin embargo, su propuesta económica resultó ser un 15% más alta en comparación con la del consorcio ganador, lo que los relegó a un segundo plano. Este desenlace no es isolado; se trata del segundo revés consecutivo para Techint en licitaciones estratégicas ligadas a la Cuenca Neuquina. La selección a través de un sistema de subasta inversa electrónica, un modelo inédito en la Argentina, ha cambiado las reglas del juego. Este formato busca asegurar una mayor transparencia y competitividad, eliminando la influencia de relaciones históricas en la asignación de contratos y obligando a las empresas a competir en igualdad de condiciones en el contexto del libre mercado internacional.
Desde el punto de vista técnico, el gasoducto presentará desafíos significativos de ingeniería, destacándose por su diámetro de 48 pulgadas, lo que lo convertirá en el ducto más grande de Argentina. La infraestructura conectará el nodo gasífero de Meseta Buena Esperanza con el puerto de Sierra Grande, donde se establecerá una planta de licuefacción para exportar gas hacia Europa y Asia. Este desarrollo no solo se limita al gasoducto; también complementará las obras en el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur y en las instalaciones portuarias de Punta Colorada, con proyecciones que podrían amplificar significativamente la capacidad de bombeo regional. Además, se espera que la ejecución de estos proyectos genere miles de empleos directos, proporcionando un impulso vital a la economía local y fomentando el desarrollo técnico en la región. Sin duda, la construcción de esta red de transporte energético promete transformar la matriz productiva de la Patagonia y elevar a Argentina a un nuevo estatus en el panorama energético global.


