La “periodista decana” y la evocación de una tarde feliz
Graciela Narváez, conocida como la “periodista decana”, ha sido una figura emblemática del periodismo en Bariloche y la Patagonia. Su carrera, marcada por un compromiso profundo con la verdad y la comunicación, le valió múltiples reconocimientos. Entre ellos, el homenaje que recibió en junio de 2019 por parte del Concejo Municipal, que la distinguió por su amplia trayectoria y labor docente. En 2025, su libro Al límite fue declarado de interés municipal, destacando su relevancia cultural y social. Sin embargo, uno de los momentos más emotivos de su vida ocurrió en julio de 2025, cuando presentó su obra en Casa Macacha, un encuentro que reunió no solo colegas, sino también amigos y personas que habían compartido diversas etapas de su vida, evidenciando la huella que dejó en cada uno de ellos.
Aquella tarde, Graciela se sentó junto a sus colegas Soledad Anselmi y Soledad Maradona, quienes oficiaron como anfitrionas del cariño del público, en un espacio repleto de rostros familiares. La presencia de periodistas barilochenses, amigos y profesionales de la salud que la habían apoyado a lo largo de su camino, enriqueció aún más el evento. Marcelo Gilabert, artista responsable de la portada de Al límite, también estuvo presente, compartiendo con el público sus reflexiones sobre la obra y su relación con Graciela. Este libro, que explora historias de personas enfrentando abismos, no solo es un compendio de relatos, sino también una memoria viva de la represión que vivió en Córdoba, donde Graciela dejó atrás un pasado doloroso para comenzar de nuevo en Bariloche.
Durante la presentación, Graciela evocó momentos trascendentales de su vida, las cicatrices que la dictadura dejó en su memoria. Narró una experiencia desgarradora vivida en su juventud, donde la sensación de impotencia quedó grabada en su ser. La elección de Bariloche como refugio le permitió reconectar con la naturaleza y comenzar a construir una nueva vida. Aquel día, su voz vibró como un eco de gratitud y resiliencia. Los abrazos y gestos de afecto del público confirmaron el cariño que había cultivado a lo largo de su trayectoria. A medida que las palabras fluyeron, se palpó una atmósfera de amor y reconocimiento, donde cada rayo de sol que entraba por las ventanas reflejaba la luz de una vida dedicada a compartir historias y experiencias.


