Excusas a la vista
Los ecos de las eliminatorias sudamericanas resuenan con la intensidad de un verdadero combate. Mientras algunos europeos se escudan en tácticas y un juego físico moderado, los sudamericanos presentan un fútbol en el que el contacto es parte esencial del espectáculo. Un ejemplo claro lo dio Paraguay, que plantó cara a Alemania y dejó sentir su garra, mientras que el seleccionado ecuatoriano también sorprendió a los alemanes, quienes se retiraron con la cabeza gacha. Pero, ¿acaso olvidaron que este es un deporte de contacto?
Climas hostiles
Los eurocentrismos están a la orden del día. El DT de Italia, Gennaro Gattuso, afirmó que “no es justo que en Sudamérica clasifiquen seis al Mundial y el séptimo vaya al repechaje”, tras perder el repechaje contra Bosnia. Pero eso sucede porque la intensidad en Sudamérica es inigualable. En Europa, la competencia suele barrer bajo la alfombra a las selecciones menos prominentes, mientras que aquí en el continente, cada partido es una batalla. Viajar a La Paz, Quito, o jugar bajo la humedad de Barranquilla es todo un desafío que pone a prueba a los jugadores en más de un sentido.
Fútbol sin filtros
La realidad está ahí, aunque muchos la ignoren. En este Mundial, los pañuelos de lágrimas están listos ante la posibilidad de que el fútbol europeo vea derrumbarse su hegemonía. La pregunta es clara: ¿qué pasaría si tuvieran que enfrentarse a un sudamericano en su terreno? En cada encuentro se siente la presión, la adrenalina, y ese feroz deseo de ganar que no conoce límites. Mientras los equipos europeos parecen olvidarse de estas realidades, Sudamérica juega su propia copa, donde el fútbol es feroz, apasionado y escasamente perdonador.


