Fin del Sueño Infinito
El largo invicto de Boca Juniors llegó a su fin en un caluroso y tenso partido ante Cruzeiro, donde el Xeneize se sumergió fácilmente en el roce y la lucha. Un arbitraje polémico a cargo de Ostojich sirvió de telón de fondo a un encuentro que, sin duda, marca un punto de inflexión en la trayectoria del equipo. La expulsión de Bareiro, que dejó a Boca con uno menos, se convirtió en un punto de inflexión asombroso y, para muchos, incomprensible.
Un Primer Tiempo Incierto
Desde el arranque, Boca pareció olvidarse de su fútbol fluido, acumulando apenas una aproximación al arco en los primeros 45 minutos. A pesar de un inicio esperanzador donde Paredes y Aranda intentaron controlar el juego, la presión del rival sumada a la desatención por parte del árbitro transformó el encuentro en un verdadero embrollo. Entre los 15’ y los 30’, el equipo mostró destellos de buen juego, pero eso no fue suficiente para sostener el ímpetu. La conflictiva tarjeta roja a Bareiro, en un contexto donde las decisiones arbitrales fueron inconsistentes, dejó a Boca en desventaja numérica.
Cambios Sin Efecto
En el segundo tiempo, Cruzeiro tomó el control del balón, pero las verdaderas preocupaciones para Boca llegaron con los cambios de Úbeda. Aunque hizo ingresar a Figal y Zeballos, el equipo se inclinó hacia una configuración defensiva que apenas ofreció oportunidades de contrarrestar el ataque rival. A medida que el reloj avanzaba, el resultado fue un progresivo desánimo, dejando a Boca con tan solo un tiro al arco en más de 90 minutos. Esta derrota, que no solo significó la pérdida del invicto, también expuso las debilidades que el equipo necesita corregir si desea volver a ser protagonista.


