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Una exhibición en la sala Frey busca “revelar lo invisible pero perceptible”

Lectura Obligada

En la sala Frey del Centro Cívico, el artista Chechén, de espaldas a la cámara, nos invita a sumergirnos en su mundo a través de su obra, titulada “Rituales del alma”. Originario de San Antonio Oeste, Chechén ha recorrido diversos senderos de Latinoamérica, dejando su huella en cada lugar. Este viaje no solo se trata de la creación artística, sino de una conexión profunda con la tierra, el agua y la cultura. Su seudónimo, tomado de un árbol de la península de Yucatán, resuena con ecos de tradiciones indígenas, reflejando su búsqueda de identidad y pertenencia en un mundo en constante cambio. En esta exposición, que cuenta con la curaduría de Enry Queiz, se puede apreciar la diversidad de su trabajo, que va desde pequeños dibujos hasta grandes murales, todo ello bajo la premisa de la autogestión y la conexión constante con lo natural.

A medida que los visitantes recorren la muestra, se encuentran no solo con pinturas, sino también con productos textiles y cerámicos que reflejan su estilo. Esta fusión de materiales y formatos convierte a cada pieza en un fragmento de un todo más amplio, donde la creatividad se manifiesta como una forma de vida. Chechén, de 34 años, destaca la importancia de estar en el proceso de creación, ya que considera que cada lugar donde llega es una oportunidad para producir y conectarse con su entorno. En su propia voz, menciona que “siente que tiene ‘pilas’ para seguir viajando”, una afirmación que resuena con quienes buscan su lugar en el mundo mientras exploran la relación entre lo humano, lo animal y lo natural.

Una de las experiencias más significativas en la trayectoria de Chechén ocurrió durante el Día de los Muertos en Michoacán, México. Este tipo de rituales, que abrazan lo efímero y lo eterno, se reflejan en su arte, que busca transmitir lo que no se ve pero se siente. Según el curador Enry Queiz, las obras de Chechén no representan identidades rígidas, sino estados de transformación. Cada mural, cada pintura es una exploración de la memoria cultural y la cosmovisión de los territorios que visita, convirtiendo el “incompleto” en una invitación a continuar el diálogo y la creación. La sala Frey no solo es un espacio de exhibición, sino un verdadero viaje al universo creativo de este artista que sigue buscando su lugar en el vasto mapa de Latinoamérica.

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